He tenido en mente a lo largo del día (día que ya no es hoy) el aniversario de despedida. Había pensado en escribir, sin pensar demasiado qué, algo en el blog que cualquiera puede ver, pero quizá si lo vieras (que nunca lo verás, lo sé) pensarías que te echo de menos, y no es del todo cierto.
Son dos años... Dos años de mierda, pero los anteriores no fueron mejores. Hasta me sentía más solo cuando estaba contigo sin ti. Pero eso es lo de menos ya, no es lo que quiero decir ahora. Resulta que estaba escuchando una canción y dijo algo sobre que buscabas unas alas que te ayudasen a volar con plomo en los bolsillos.
Sé que yo no tenía esas alas, que yo necesito la ligereza del viento aunque a día de hoy sigas pensando que solo era un lastre. Para mí y para el resto, sí. Sé que crees que lo decías por mí, pero no. La gente no sabe querer. Y no sé qué coño estoy diciendo, solo espero de todo corazón que te quieran bien, y que no crees más falsas esperanzas a gente a la que le importas. Porque tú y yo al final no éramos distintos. Rompemos todo y a todos. Pero yo sí soy bueno y me dejo en un segundo plano. Ya no voy a protagonizar más desgracias con tal de salvar mi conciencia otra noche.
No sé por qué no desapareces ya. No sé por qué no cerré la puerta.
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