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También es éter un bosái y su sombra

Cuando creé el blog que llamé soy eter me inspiré en aquellos escritos aristotélicos en los que todo lo que no se sabía muy bien qué era o por qué ocurría, se le llamaba éter. Fue una excusa del filósofo para universalizarlo todo, qué sé yo. Luego diversos físicos y astrónomos decidieron llamar del mismo modo al vacío. Yo, ingenuo, pensé que ese éter era algo. Pensaba que la nada no existía. Pobre de mí... Pobre.

Un bonsái resulta patético, aunque tiene aspecto elegante. Incluso exótico, dicen. Un árbol en miniatura, solo tiene de especial las horas de empeño en oprimir y castigar su intento por crecer. Aun así debe dar sombra. Igual que yo, aun siendo vergonzosa su existencia tras un instante pensándola, existimos. Y de algún modo cumplimos nuestra... Mísera función.

Yo antes me sentía grande. De verdad... Antes no era este triste perro encerrado en una habitación. (Otro día te contaré esa historia). Ahora las carencias son mi día a día. Y no pienso hacer nada por compensarlas más que este espacio gris, esta tragicomedia atemporal. Ya todo es atemporal. Pero ya hablaremos de ello también en otro momento. Tenemos todo el del mundo, ¿no?

Sé que no he dicho nada en tres párrafos. Tampoco voy a cambiar la tendencia en el cuarto, pero antes de que te vayas quiero avisar de que lo que irá apareciendo aquí contiene (y hablo en presente, aunque aún no existan las palabras ordenadas en la red) trazas depresógenas y un nihilismo tan puro que roza la frivolidad. No te confundas nunca, no es por mí por quién estoy aquí. No del todo.

Esto será mi pequeña columna diaria, semanal o de cuando me apetezca (ya estoy cansado de relojes y calendarios). Puedo imaginar que escribo en un periódico de un lugar donde ya nadie mira a los ojos pero todos bailan rodeados de iguales. Puedo imaginar que soy Guillermo Vera Vicioso, escritor del periódico atemporal: La Noche. O La Noche desde un bonsái. De algún modo hay que hilar con el título absurdo que apenas he pensado en unos segundos y del que ya me estoy arrepintiendo. Pero me resulta demasiado tedioso modificarlo a estas horas.

Cuatro finales después, como de costumbre, me voy.

Adiós.

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