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Que bonito sería callar esa voz

Hoy he vuelto a casa a las 12 de la noche de la biblioteca. La noche y el camino han estado en condicional.

Qué bonito sería...

Solo me he imaginado que volvía a casa y abrazaba a alguien. Que no dormía del todo solo, qué sé yo. No puedo ser así, eso lo entiendo perfectamente, por eso me escondo de este modo.

La noche ha estado en condicional, pero la realidad es una negación rotunda de la imaginación. No existe a quién abrazar, no existe esa vida en la que sonrío de verdad. Lo sé, yo lo sé.

Creo que desde fuera me ven y parece que todo está bien. Creí que bastaría con eso, que todo parezca que va bien. Pues estaba a años luz de ser cierto. Sin embargo ocurre algo curioso. Quien mira a los ojos sabrá que hay en mí la mayor tristeza que se puede esconder con la sutileza de un maestro escapista. Cualquiera lo diría.

Tenía ganas de escribir. Bueno, tenía ganas de lo que quiera que sea que me haga falta. No sé si contacto humano, si un abrazo, si una respuesta, si un disparo en esas zonas estratégicas que te garantizan un final relativamente rápido... Qué más da.

Mi subconsciente seguirá penando unos brevísimos segundos ese qué bonito sería si alguien... Pero antes de acabar la frase, yo ya habré matado ese pensamiento como quien arranca las malas hierbas de un decrépito jardín abandonado.


Buenas noches.


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